Historia de las máquinas tragaperras

Suele decirse que Charles Fey fue el inventor de la máquina tragamonedas, en el año 1894, y se menciona a la famosa “Liberty Bell” como el primer modelo del mundo. Sin embargo, se ignora o desconoce que en el siglo 18 hubo ya varios tipos de máquinas recreativas que funcionaban con monedas. Estamos hablando de aquellos artefactos que servían:

- Para medir la fuerza de una persona
- Para jugar al tiro al blanco
- Para adivinar el porvenir, entregando tarjetitas a cambio de una moneda

Todas estas máquinas son centenarias y solían acompañar a toda feria, de pueblo en pueblo, por toda Europa. Como puede verse, técnicamente, las máquinas tragamonedas existen desde hace mucho tiempo. Claro, otra cosa es hablar de las máquinas tragaperras, tal y como las conocemos hoy en día, porque su antepasado más parecido sin duda es el inventado por Fey.

Charles Fey fue un ingeniero automotriz alemán radicado en San Francisco, Estados Unidos. Se asoció con una compañía local (Mills Novelty Company), para producir, entre otras máquinas, la Liberty Bell, famosa en aquel tiempo por su característico sonido de campanas en cuanto funcionaba. Estaba basada en el póquer y de hecho, sus rodillos o bobinas, mostraban palos de la baraja, como tréboles, diamantes, etc., además de las “Campanas de la Libertad”, que al alinearse otorgaban al jugador una victoria. En aquellos tiempos, solía premiarse con alguna bebida o con cigarrillos al feliz ganador.

El éxito de la máquina fue mucho mayor de lo esperado, pues el público acogió el invento con entusiasmo, de modo que la competencia no tardó en aparecer, construyendo nuevos modelos que de inmediato ocuparon un sitio, como la máquina de Fey, en gasolineras, bares, tiendas y salas de juego.

A medida que se popularizó, se introdujo la costumbre de pagar dinero en metálico como premio, en lugar de recompensar al jugador con regalos, lo que hizo más atractivo el uso de estas máquinas.

El Hotel Hilton de Las Vegas fue el primer casino en introducir, a finales de los años 40 (del siglo veinte), a las máquinas tragamonedas en el rutilante mundo de los casinos. Su dueño las adquirió para distraer a las esposas de los jugadores de cartas, mientras estos jugaban en el casino.

La feroz competencia entre los fabricantes favoreció a los jugadores, que pudieron encontrar en los casinos toda clase de máquinas recreativas, con premios cada vez mejores.

A finales de los 80, se ideó finalmente el sistema de tragamonedas con bote progresivo, lo que proporcionó a estas máquinas el impulso final para su popularización.

Pero la nueva era de estas máquinas ha llegado con el Internet, pues su popularidad ha alcanzado fama mundial. Adicionalmente, las posibilidades del juego se han incrementado gracias a las tecnologías informáticas, y ni hablar del valor de los botes o premios, que día a día aumentan su valor, llegando a cifras millonarias, gracias a redes mundiales de casinos, que enlazan sus máquinas tragaperras de botes progresivos, para lograr premios espectaculares.

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